Una queja común de los investigadores en comunicación en los últimos años es que el mercado del libro en nuestro ámbito está prácticamente hundido. Muchas de las editoriales y colecciones clásicas han dejado de publicar nuevos títulos o lo hacen de forma cada vez más limitada y espaciada. En este contexto, en los últimos años ha ganado protagonismo Editorial UOC, haciendo un hueco a unas editoriales universitarias que tradicionalmente habían contado poco en comunicación. Para conocer este caso entrevistamos a Lluís Pastor, Director General de Editorial UOC y actualmente presidente de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE). Ah, y debo declarar mi conflicto de intereses, ya que acabo de publicar un libro con esta editorial.
En un momento en que parece cada vez más difícil encontrar una editorial para publicar un libro sobre comunicación, Editorial UOC no para de generar novedades. ¿A qué se debe este contraste?
Primero hay una reflexión más interna de la propia editorial y es que la propia editorial, en el plan estratégico que dibujamos y que seguimos manteniendo y actualizando, una de las cosas que dijimos es: “queremos ser una editorial que tenga peso en el manual universitario en todos los ámbitos en que nosotros publicamos (el año pasado hicimos trescientos y pico) pero queremos ser uno de los líderes en el mercado de la comunicación”. Claro, al final esto es una de las cosas que nos guía: ver que efectivamente hay un espacio en el mundo de la comunicación en el que se pueden publicar manuales, libros de investigación, libros de divulgación, etc… y nosotros queremos estar ahí. El hecho de querer estar ahí hace que nuestros planes de publicación pasen por estar muy presente.
Otra cosa es el mercado: ¿hay mercado o no hay mercado? Pues yo creo que siempre hay mercado. La cuestión es: ¿hay organizaciones preparadas para el mercado que nos viene encima? Las editoriales, habitualmente, incluso las que habían sido referencia en el mundo de la comunicación, trabajaban en la lógica de mínimo vamos a vender 2.000 ejemplares, 4.000, 5.000… si no, no tiene sentido poner esto en marcha. Eran editoriales en muchos casos de grandes grupos o que habían sido absorbidas por grandes grupos con una maquinaria brutal, una organización descomunal. Es como el paso del tiempo de los dinosaurios a los mamíferos, después de la caída del meteorito. Eran grandes dinosaurios con un negocio rentabilísimo. No hay que olvidar que el negocio del libro de papel ha sido un negocio rentabilísimo. Ha sido un negocio, en algunos casos, de abuso de la rentabilidad. Sobre todo en los best-sellers, en el mundo del libro universitario aplica menos pero en el mundo del libro comercial cuando te funcionaba un best-seller podías pagar muchos bonus a muchos directivos. Pero ese mundo ha cambiado, está cambiando. Con el libro digital va a cambiar muchísimo, se va a depauperar. Yo creo que no va a ser un negocio de grandes sumas como ha sido hasta ahora. Hay que modificar las organizaciones para hacer frente a este negocio. Nosotros en su momento dijimos que, para bien o para mal, íbamos a ser una editorial de nichos. A veces incluso de micronichos. Yo hago libros que creo que debemos hacer, que creo que el mercado puede entender. Y a veces son unas cuantas decenas de ejemplares. Y nosotros que trabajamos en el mundo digital, pues en digital los que podamos llegar a vender. No necesitas 17.000 ventas para hacerlo rentable y alimentar una organización absolutamente monstruosa. Desde ese punto de vista, nuestra organización, desde el primer día y ya hace ocho años que piloto la Editorial UOC, montamos una estructura de empresa-red, en la cual está toda la inteligencia dentro de la organización y toda la colaboración y el conocimiento técnico fuera de la organización con empresas, instituciones y empresas fidelizadas con nuestro trabajo porque generamos mucho volumen. Cosas que luego han pasado en el mundo editorial y que ahora parecen obvias hace diez años no lo eran tanto y nosotros ya trabajamos en esa lógica. Por lo cual, la respuesta es que hay mercado si tienes una visión estratégica clara y una organización adaptada.
Primera respuesta y ya ha salido el libro electrónico. ¿Funciona el libro electrónico?
El libro electrónico es que no tiene vuelta atrás. ¿Funcionan los grifos? La gente compra garrafas de agua pero el agua corriente en las casas no tiene vuelta atrás. Si se valora el libro electrónico en función estrictamente de rendimiento de mercado, pues muy probablemente no. No es el pilar fundamental de una editorial. Pero el libro electrónico es aquello que va a pasar, sobre todo en el mundo de las editoriales universitarias, y es que además el libro electrónico abre nuevas puertas a nuevas oportunidades: la agregación a través de agregadores que facilitan libros a las bibliotecas, la compilación de partes de libros que se han publicado de forma separada, la fragmentación de los libros para que los lectores, si les interesa el capítulo 7, no tengan que comprar todo el libro sino que se puedan comprar sólo el capítulo 7 por 65 céntimos… Van a pasar muchas cosas que el libro electrónico va a facilitar. Seguramente en este cambio de paradigma el que más pierde es el editor. Y quien más pierde, a menos que cambien su manera de hacer, son los intermediaros. Porque intermediar está muy bien cuando aportas valor pero cuando no aportas valor la intermediación empieza a suponer un engorro.
Pero claro, esto supone mucha inestabilidad en el sector. No sabemos qué va a pasar. Un gran desconocimiento del futuro, no hay proyecciones posibles. Desde Gutenberg hasta hace diez años, el mundo del libro se había mantenido estable, estabilísimo. Yo que no vengo directamente del mundo del libro, vengo del mundo académico y de la empresa, cuando aterrizo en este mundo me doy cuenta que es de los mundos más maduros, por utilizar un eufemismo de conservador, poco valiente, etc. Sí, va a cambiar todo, simplemente hay que estar atento a los cambios. Va a cambiar todo, efectivamente, y va a cambiar seguramente incluso el tipo de negocio vinculado con el mundo del libro.
¿Crees que la creciente importancia de las revistas científicas en ciencias sociales en general, entre las que se incluye la comunicación, está arrinconando al libro?
Pues depende de para qué. Si el libro era, desde muchos puntos de vista, un escaparate para generar méritos para los profesores, éste desaparece o se matiza bastante en ciencias sociales. Yo estaba el lunes sentado con el Director General de Universidades del Ministerio y me decía que el último artículo que ha hecho le ha costado dos años colocarlo, un año de hacerlo y otro de revisarlo –y eso es la vida que tenemos todos como académicos–, y que el valoraba mucho más este artículo que cualquier monografía que pudiera llegar a hacer. Y estamos hablando de una persona que representa la educación y la cultura en este país.
Si ésta era una manera de encauzar méritos, los méritos muy probablemente se van a encauzar de una manera más objetiva, más competitiva y seguramente más real, porque los profesores lo viven así, a través de las revistas académicas. ¿Significa esto que desaparece el libro? Yo creo que no. El libro, ya no como objeto sino como concepto. O sea, la compilación de conocimientos más allá de una investigación concreta en que la estructura del texto es como muy clara: estado del arte, investigaciones previas, metodología, resultados, conclusiones, discusión. Cuando quieres superar el ámbito de juego que te da tu propio artículo, pues muy probablemente necesitas más espacio, más elaboración, y ahí el concepto libro, no el formato, pero el concepto libro es interesante. Ahondar en el pensamiento de un compañero, de un académico, más allá de un resultado concreto, yo creo que a todos nos puede parecer interesante. Yo creo que el libro no desaparece aunque desde un punto de vista de meritaje profesional igual sí.
Pero no hacemos sólo libros para esto. Los libros de investigación se pueden hacer para esto y para exponer con más profundidad tu pensamiento. Luego hay todos los libros que ayudan a los estudiantes a desarrollar conocimientos, los manuales. A veces escuchas a bibliotecarios que quieren hacerlo todo libre y abierto, un concepto que es una transgresión lingüística de gratuito, del free mal utilizado; creen que esto también ha de ir en el mismo paquete. Pues igual no. La universidad me está pagando a mí para hacer la docencia y para investigar. Pero aquel material que yo acumulo, relaciono, que me puede ayudar en la docencia o que le puede ayudar a otros, está fuera de ese campo de juego, no está del todo regulado. ¿Esos libros hacen falta? Sí ¿Esos materiales hacen falta? Sí. Igual son libros dogmáticos de 4.500 páginas o igual es una compilación de recursos de Wikipedia o de dónde sea. Pero alguien lo utiliza para que otros aprendan porque no todo el mundo está en el nivel del alto conocimiento. Hay gente que viene de muy abajo, los estudiantes básicamente, que son nuestra función social número uno.
Yo creo que tiene sentido. Hay que repensarlo todo pero tiene sentido. Hay que huir del dogmatismo, del miedo de los editores más tradicionales, que yo creo que ya no deben existir (“yo no quiero cambiar, esto estaba muy bien hasta hoy, yo no entiendo nada“) y hay que huir del dogmatismo, de la gratuidad, del altruismo mal entendido porque al final lo acaba pagando alguien siempre. El otro día me estaban explicando el caso de una grandísima revista anglosajona que te pide 3.000€ para ser revisado (“es como pagar para participar en el casting”) y luego te piden más dinero para publicarte. Bueno, yo no sé si los propios autores tenemos que pagar estas cantidades o lo más lógico es que lo pague la demanda, que es lo que ha pasado siempre. Voy a comprar la lavadora y la pago yo, no me la paga Forlady o me la paga Balay… Hay que ver en qué acaba todo eso pero yo diría que hay que huir de dogmatismos.
¿Por qué no hay en España sistemas de revisión de originales del tipo revisión por pares para la publicación de libros, como sucede en las editoriales anglosajonas más potentes?
Muchos de los miembros de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas ya estamos poniendo en marcha procesos de evaluación por pares de los manuales y materiales que hacemos.
¿Por qué los anglosajones sí y nosotros menos? Yo creo que desde un punto de vista de competencia en la publicación entre las editoriales académicas anglosajonas ha habido una tradición algo más larga de procesos de revisión por pares. Aquí las decisiones editoriales muchas veces han sido fruto de la decisión de una persona, experta, que decía que eso estaba bien. Y grandes catálogos de no-ficción de este país de los últimos siglos los han decidido no-pares, los ha decidido alguien. Entonces, antes de dar mi brazo a torcer, reflexionemos: ¿es mejor la revisión por pares que la revisión de una persona que sabe y quiere dirigir la editorial hacia un punto determinado? Es una reflexión que hay que hacer.
En un momento en el que el poder está en las colectividades e Internet ha transmutado el poder del productor al receptor, parece lógico que los revisores, los pares, tengan más poder. Es una transmutación del orden de las cosas. Eso puede estar bien. Pero yo diría, punto uno, que también estaba bien lo otro: hay grandes colecciones de este país que se han hecho fruto de personas concretas.
Punto dos. El hecho de no utilizar la revisión por pares nos hace pensar en corruptelas editoriales: tú eres mi amigo, yo te publico… Y es cierto que la revisión por pares en algunos casos limita esto. En otros casos, y podría dar nombres de los journals en concreto, te digo que no lo limita. Que aparezcan apellidos de origen español en algunos journals, siendo revisiones ciegas, es absolutamente extraordinario, anecdótico y residual. Dices “hombre, debe ser la detección del inglés escrito por un español; así, más que ciego es bizco”. Es curioso que en algunos círculos sólo se publiquen artículos anglosajones. La revisión por pares está bien para limitar esta endogamia, esta corruptela, pero no siempre funciona. Ahí hay una ética editorial también. La ética editorial pasa por publicar eso porque tú crees que debes publicarlo o hacerlo porque eres mi amigo, para darle más méritos… Pero como hemos visto que el capítulo méritos no va a pasar por las monografías sino por los artículos, yo diría: “desestresémonos un poco”. Pero no, habitualmente los editores no hemos puesto en común nuestras reflexiones y no nos desestresamos. Seguimos intentando emular procesos que pueden estar bien pero que no tiene que ser omnicomprensivos. Hay otros procesos igual de posibles. Tengo colecciones pilotadas por profesores en concreto y estoy bien tranquilo. Y hay otras colecciones en que hay un consejo editorial y cualquier original que viene es revisado como mínimo por uno de los compañeros del consejo editorial que ha de hacer su diagnóstico y su cuadro de evaluación y ese cuadro de evaluación queda guardado por si un día nos lo pide la CNEAI o quien sea para demostrar que somos tíos serios. Pero no me siento menos cubierto en las colecciones en que tengo uno o dos revisores para cada material que en las colecciones en que hay un profesor que va buscando materiales y va proponiendo títulos. Pero el camino anglosajón ha sido ése y lo estamos copiando.
A lo mejor también la presión de las agencias nos envía hacia ella como manera de que el libro recupere el protagonismo perdido respecto de las revistas.
Las agencias le han dado muy poco valor a los libros. Las agencias parten del principio de sospecha: cualquier libro publicado por la editorial de tu propia universidad no cuenta nada. Pues mira, yo con carácter general mis libros los públicos en la editorial de la UOC. Y aquellos que tengan que pasar revisión, pasan revisión. Y si la superan la superan y si no la superan no la superan. ¿He publicado en otras editoriales? Sí. Pero yo creo que como profesor de la UOC tengo que publicar en la UOC. Institucionalmente creo que es así. ¿No me lo valoran? No me lo valoran. Yo encantado de que pase esto porque entonces no tengo un público, tengo 68 públicos en España. La gente piensa que si quiere publicar en comunicación uno de los sitios chulos es la UOC. Pero a mí me parece que al final estamos rizando el rizo.
Tuvimos el otro día una reunión con el director de AENOR, en Madrid, porque estamos haciendo un sello de calidad. Si es que es más sencillo que todo esto: los comités, las comisiones de expertos, en lugar de evaluar por indicios, que hagan su trabajo y evalúen por realidades… y que se lean los libros y que se lean los artículos. Si es que la pereza da esto, la pereza genera errores. Si hiciéramos nuestros artículos y nuestras investigaciones por indicios… “mira, yo creo que esto va a salir así, apúntalo, no lo comprobemos, ¿para qué?” Pero si es muy fácil. Los italianos ya lo están empezando a hacer. ¿Usted se quiere acreditar? Sí. Tráigame lo que ha escrito que hay un equipo de gente que lo leerá y lo valorará. Claro, pero es el problema del indicio: ¿si es alto y rubio significa que es guapo e inteligente? Pues no sé.
Me parece bien pero es el problema del dogmatismo. Cuando descubrimos una cosa… y en España somos terribles. Este fin de semana he estado en Bélgica y había muchos profesores franceses. Se lo toman con un poquito más de tranquilidad. Se evalúa al grupo de investigación más que al investigador. Es algo más complejo. Los franceses suelen ser un poquito más complejos en su pensamiento y menos dogmáticos en muchas cosas. Pero aquí vamos de dogmatismo en dogmatismo. Nos encontramos que nadie evaluaba nada y había catedráticos que no habían escrito un libro o un artículo relevante (y aún los hay en nuestras universidades, sobre todo en las más tradicionales) y pasamos de esto a aplicar el principio de sospecha y la evaluación por indicios. Pues no, pues hagamos bien el trabajo. ¿Qué ha hecho usted? Tráiganos su trabajo y lo evaluamos.
Uno de vuestros formatos es poco habitual para editoriales universitarias. Se trata del que utilizáis con las colecciones TIC Cero, Vull saber (en catalán) o El profesional de la información, más dirigidas a divulgación, con un tamaño y un precio reducido y un lenguaje más accesible. ¿Cuál es la idea detrás de este formato tan poco habitual?
Yo soy de formación francófona y francófila y había pensado que no existía una colección que es paradigmática en Francia que es la colección Que sais-je?, la colección de libros pequeños, de pequeño formato, con millones de libros vendidos y miles de títulos. Yo siempre había pensado, cuando estudiaba y luego siendo profesor, que qué lástima que no tengamos libros que hagan el recorrido academia-ciudadanía para extender el conocimiento que tenemos. Cuando tuve la oportunidad de ponerme en marcha en la editorial de la UOC, una de las primeras cosas que analizamos era el sentido de poner en marcha una cosa así. Teniendo en cuenta que somos la Universitat Oberta y que esta O de Oberta, que es abierta, significa que el canal academia-ciudadanía ha de ser un canal sino una autopista… una autopista sin peaje… consideramos que había una oportunidad para hacer cosas así. Así nació la colección Vull saber. Vull saber es una copia, un plagio, de la colección Que sais-je? francesa, a la que intentamos llegar a la suela de los zapatos. Pero quisimos hacer esto. Y vimos que ése era un formato que acababa siendo un formato muy Editorial UOC. Nos sentíamos muy cómodos con él. Además, los lectores entendían enseguida las cosas. Nos reconocían. Recuerdo lectores que nos decían: “oye, que sí, los Vull saber que los veo, que nos interesan y tal”. Así que nos dijimos que el siguiente paso era hacer esto pero orientado a Sociedad de la Información, porque también somos la Oberta. E hicimos TIC Cero en español y llevamos cincuenta títulos. Y después surgió la oportunidad con Tomàs Baiget, que es uno de los muy buenos editores que tenemos en España, de hacer la colección EPI. Yo creo que nos sentimos muy cómodos en la editorial con este tipo de libros porque va muy en línea con la estrategia y la misión de la propia universidad y además, caray, como académico yo me siento muy orgulloso de establecer puentes entre la academia y la ciudadanía.
¿Qué hace un presidente de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas?
Ah, ésta es una gran pregunta. Yo te diría qué hizo el anterior, del que yo formé parte de su junta durante cuatro años, en los que trabajó mucho y relanzó la imagen de la UNE y somos hoy un agente que cuenta. Esta mañana acabo de
hacer un editorial, que se llama “Setecientos días”, que son los dos años que tengo de mandato y setecientos días en que hacer algunos grandes proyectos. Uno de ellos es establecer puentes con Latinoamérica. Los editores españoles seremos relevantes en el mundo si podemos hacer un frente común con los editores latinoamericanos en lengua española y portuguesa. Ahí podemos jugar en las grandes ligas con los grandes editores comerciales como Pearson o McGraw. Los editores universitarios españoles debemos tener ese puente abierto y es una de las cosas que estoy intentando hacer: construir un catálogo conjunto, los 45.000 libros de los socios de la UNE sumados con los libros de los socios americanos… pasaríamos a tener centenares de miles de libros.
Luego, ayudar a nuestros 66 socios a dar el paso al mundo digital. Es muy importante que estén formados los editores, que sepan qué está pasando en el mundo, que puedan plantear estrategias de libro digital… porque si no lo que hacemos es copiar. Copiar lo que hacen los otros, copiar lo que hacen los grandes grupos, copiar lo que hacen los ingleses… Está bien copiar, yo soy el primero, pero cuando copias con conciencia, porque sabes que aquello te lleva a dónde tú quieres ir. Cuando copias sin conciencia es como cuando somos niños, vamos a la guardería y vamos todos cogidos de la mano del de delante. ¿Dónde vamos? Sólo lo sabe la maestra, los demás no lo sabemos. En el mundo digital tenemos que estar formados para saber dónde queremos ir: establecer todos los libros en digital o no, algunos libros en papel y otros en digital, qué precios establecemos… “es que Fulano ha puesto el precio de 18€… pon el mismo precio que el papel por si acaso”. No, vamos a analizar. Fragmentemos libros. Una de las grandes batallas que voy a tener como presidente de la UNE es ver si podemos empezar a fragmentar libros porque el mundo requiere que fragmentemos nuestros libros o algunos de ellos y que podamos dar ISBN a esas fragmentaciones. Ahora mismo, la estupidez máxima, la estulticia llevada al máximo extremo es que no puedes dar ISBN a libros fragmentados a no ser que les des un nuevo ISBN. Los ISBN cuestan cada vez más dinero porque los está gestionando el Gremio de Editores, es una locura…
¿Los DOI serían una alternativa?
Sí, pero en el mercado comercial, si no tienes un ISBN no estás en los catálogos de las librerías tampoco. Que no quiere decir que se vayan a vender los libros digitales en las librerías pero al final el ISBN es nuestra matrícula comercial. Sí, podríamos ponerle DOI a las fragmentaciones en lugar de ISBN pero ahora mismo, incluso, en los metadatos estándares que ponemos para las grandes plataformas no existe el concepto DOI. El gran problema es que hay que pedir un nuevo ISBN… el ISBN empieza a valer una fortuna. Si vendo un libro a 20€ puede tener sentido si vendo unos cuantos pero si la fragmentación del libro la vendo a 60 céntimos… es un abuso.
Treinta mil cosas de éstas que hay que gestionar. Yo te diría nuestras grandes líneas son la relación con partners más allá de España, el paso del libro al mundo digital, la formación y la calidad: cómo hacer que las monografías y los textos publicados por los editores universitarios sean entendidos como textos de calidad. La formulación del dogma, de nuevo, ha hecho que cosas normales sean absolutamente irracionales. Los editores comerciales, muchos de ellos, tienen valoración y meritocracia en el mundo de los profesores cuando muchas veces los autores acabamos pagando nuestros libros a la editorial comercial. Tiene un nombre comercial y devenga méritos… ¡pero hemos transgredido las normas! Y nosotros estamos haciendo que nos lo hagan y sacan beneficio con nuestro pago. Y en cambio, los libros universitarios, hechos por universidades o por una editorial, en nuestro caso, que no es parte de la universidad pero sí somos propiedad de la universidad, no hemos estado bien valorados. Así, la cuarta pata de lo que está haciendo el presidente de la UNE ahora mismo es mejorar la calidad y la percepción de la calidad de los libros publicados por los miembros de la UNE. Queremos que los expertos nos ayuden a establecer métodos y evaluaciones con los que podamos sentirnos identificados. Queremos tener un tipo de elementos de evaluación que responda al mercado del libro universitario, no de la revista, porque hay diferencia en la mayoría de casos.
En el mundo anglosajón algunas editoriales universitarias como Cambridge University Press u Oxford University Press cuentan con un prestigio que trasciende el mundo académico. ¿Por qué no sucede esto en España o en general en los países iberoamericanos?
Es uno de mis caballos de batalla, trascender el mundo estrictamente académico. Aquí hay bastantes cosas. A los académicos, de entrada, no les importa muchas veces trascender el mundo más allá de la academia. Es una realidad que no por estereotípica deja de ser menos realidad. Y más ahora cuando sólo te valoran y te meritan ciertas cuestiones que no tienen que ver con la transferencia a la sociedad de tus conocimientos; tiene que ver con la transferencia a los pares de tus conocimientos. Es más complicado motivar al académico para que eso tenga sentido para él. Luego tiene que ver también con la tradición de las empresas editoras en el mundo anglosajón. Las que tú citabas no tienen ningún reparo por hacer colecciones de libros o proyectos que van más allá del estricto sentido del impacto académico. Incluso cursos de idiomas. Son grandes monstruos porque no han tenido ese “cortomiramiento”, ese vuelo gallináceo de decir “yo sólo me quiero posicionar para el mérito de esto”. No, para el mérito de esto y para tantas otras cosas. Las editoriales universitarias tienen que aprender a ser acorazados de conocimiento. Y no trabajar sólo para un mérito o para un profesor o para un catedrático sino trabajar para un proyecto que es algo mucho más poderoso que esto. No hemos pensado en grande. Y creo que nos conviene pensar en grande porque los editores comerciales han decidido que muchas obras no se van a publicar porque no son rentables y nos encontramos con la orfandad absoluta de la sociedad. Hay libros que no los va a publicar nadie porque los editores universitarios pensamos a veces demasiado en pequeño y los editores comerciales piensan estrictamente en criterios económicos. Hay todo un campo por recorrer. Simplemente es aquello de pensar un poquito en grande y resituar el papel de los editores universitarios. Hay otros países que lo tienen hecho, como Francia o el mundo anglosajón. Tenemos una gran oportunidad.
Muchas gracias, Lluís.





