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Sobre cómo comunicamos la investigación en comunicación

Blog for Papers - Sobre cómo comunicamos la investigación en comunicación

Lluís Pastor: “El negocio del libro de papel ha sido un negocio rentabilísimo”

Una queja común de los investigadores en comunicación en los últimos años es que el mercado del libro en nuestro ámbito está prácticamente hundido. Muchas de las editoriales y colecciones clásicas han dejado de publicar nuevos títulos o lo hacen de forma cada vez más limitada y espaciada. En este contexto, en los últimos años ha ganado protagonismo Editorial UOC, haciendo un hueco a unas editoriales universitarias que tradicionalmente habían contado poco en comunicación. Para conocer este caso entrevistamos a Lluís Pastor, Director General de Editorial UOC y actualmente presidente de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE). Ah, y debo declarar mi conflicto de intereses, ya que acabo de publicar un libro con esta editorial.

En un momento en que parece cada vez más difícil encontrar una editorial para publicar un libro sobre comunicación, Editorial UOC no para de generar novedades. ¿A qué se debe este contraste?

Lluís PastorPrimero hay una reflexión más interna de la propia editorial y es que la propia editorial, en el plan estratégico que dibujamos y que seguimos manteniendo y actualizando, una de las cosas que dijimos es: “queremos ser una editorial que tenga peso en el manual universitario en todos los ámbitos en que nosotros publicamos (el año pasado hicimos trescientos y pico) pero queremos ser uno de los líderes en el mercado de la comunicación”. Claro, al final esto es una de las cosas que nos guía: ver que efectivamente hay un espacio en el mundo de la comunicación en el que se pueden publicar manuales, libros de investigación, libros de divulgación, etc… y nosotros queremos estar ahí. El hecho de querer estar ahí hace que nuestros planes de publicación pasen por estar muy presente.

Otra cosa es el mercado: ¿hay mercado o no hay mercado? Pues yo creo que siempre hay mercado. La cuestión es: ¿hay organizaciones preparadas para el mercado que nos viene encima? Las editoriales, habitualmente, incluso las que habían sido referencia en el mundo de la comunicación, trabajaban en la lógica de mínimo vamos a vender 2.000 ejemplares, 4.000, 5.000… si no, no tiene sentido poner esto en marcha. Eran editoriales en muchos casos de grandes grupos o que habían sido absorbidas por grandes grupos con una maquinaria brutal, una organización descomunal. Es como el paso del tiempo de los dinosaurios a los mamíferos, después de la caída del meteorito. Eran grandes dinosaurios con un negocio rentabilísimo. No hay que olvidar que el negocio del libro de papel ha sido un negocio rentabilísimo. Ha sido un negocio, en algunos casos, de abuso de la rentabilidad. Sobre todo en los best-sellers, en el mundo del libro universitario aplica menos pero en el mundo del libro comercial cuando te funcionaba un best-seller podías pagar muchos bonus a muchos directivos. Pero ese mundo ha cambiado, está cambiando. Con el libro digital va a cambiar muchísimo, se va a depauperar. Yo creo que no va a ser un negocio de grandes sumas como ha sido hasta ahora. Hay que modificar las organizaciones para hacer frente a este negocio. Nosotros en su momento dijimos que, para bien o para mal, íbamos a ser una editorial de nichos. A veces incluso de micronichos. Yo hago libros que creo que debemos hacer, que creo que el mercado puede entender. Y a veces son unas cuantas decenas de ejemplares. Y nosotros que trabajamos en el mundo digital, pues en digital los que podamos llegar a vender. No necesitas 17.000 ventas para hacerlo rentable y alimentar una organización absolutamente monstruosa. Desde ese punto de vista, nuestra organización, desde el primer día y ya hace ocho años que piloto la Editorial UOC, montamos una estructura de empresa-red, en la cual está toda la inteligencia dentro de la organización y toda la colaboración y el conocimiento técnico fuera de la organización con empresas, instituciones y empresas fidelizadas con nuestro trabajo porque generamos mucho volumen. Cosas que luego han pasado en el mundo editorial y que ahora parecen obvias hace diez años no lo eran tanto y nosotros ya trabajamos en esa lógica. Por lo cual, la respuesta es que hay mercado si tienes una visión estratégica clara y una organización adaptada.

Primera respuesta y ya ha salido el libro electrónico. ¿Funciona el libro electrónico?

El libro electrónico es que no tiene vuelta atrás. ¿Funcionan los grifos? La gente compra garrafas de agua pero el agua corriente en las casas no tiene vuelta atrás. Si se valora el libro electrónico en función estrictamente de rendimiento de mercado, pues muy probablemente no. No es el pilar fundamental de una editorial. Pero el libro electrónico es aquello que va a pasar, sobre todo en el mundo de las editoriales universitarias, y es que además el libro electrónico abre nuevas puertas a nuevas oportunidades: la agregación a través de agregadores que facilitan libros a las bibliotecas, la compilación de partes de libros que se han publicado de forma separada, la fragmentación de los libros para que los lectores, si les interesa el capítulo 7, no tengan que comprar todo el libro sino que se puedan comprar sólo el capítulo 7 por 65 céntimos… Van a pasar muchas cosas que el libro electrónico va a facilitar. Seguramente en este cambio de paradigma el que más pierde es el editor. Y quien más pierde, a menos que cambien su manera de hacer, son los intermediaros. Porque intermediar está muy bien cuando aportas valor pero cuando no aportas valor la intermediación empieza a suponer un engorro.

Pero claro, esto supone mucha inestabilidad en el sector. No sabemos qué va a pasar. Un gran desconocimiento del futuro, no hay proyecciones posibles. Desde Gutenberg hasta hace diez años, el mundo del libro se había mantenido estable, estabilísimo. Yo que no vengo directamente del mundo del libro, vengo del mundo académico y de la empresa, cuando aterrizo en este mundo me doy cuenta que es de los mundos más maduros, por utilizar un eufemismo de conservador, poco valiente, etc. Sí, va a cambiar todo, simplemente hay que estar atento a los cambios. Va a cambiar todo, efectivamente, y va a cambiar seguramente incluso el tipo de negocio vinculado con el mundo del libro.

¿Crees que la creciente importancia de las revistas científicas en ciencias sociales en general, entre las que se incluye la comunicación, está arrinconando al libro?

Pues depende de para qué. Si el libro era, desde muchos puntos de vista, un escaparate para generar méritos para los profesores, éste desaparece o se matiza bastante en ciencias sociales. Yo estaba el lunes sentado con el Director General de Universidades del Ministerio y me decía que el último artículo que ha hecho le ha costado dos años colocarlo, un año de hacerlo y otro de revisarlo –y eso es la vida que tenemos todos como académicos–, y que el valoraba mucho más este artículo que cualquier monografía que pudiera llegar a hacer. Y estamos hablando de una persona que representa la educación y la cultura en este país.

Si ésta era una manera de encauzar méritos, los méritos muy probablemente se van a encauzar de una manera más objetiva, más competitiva y seguramente más real, porque los profesores lo viven así, a través de las revistas académicas. ¿Significa esto que desaparece el libro? Yo creo que no. El libro, ya no como objeto sino como concepto. O sea, la compilación de conocimientos más allá de una investigación concreta en que la estructura del texto es como muy clara: estado del arte, investigaciones previas, metodología, resultados, conclusiones, discusión. Cuando quieres superar el ámbito de juego que te da tu propio artículo, pues muy probablemente necesitas más espacio, más elaboración, y ahí el concepto libro, no el formato, pero el concepto libro es interesante. Ahondar en el pensamiento de un compañero, de un académico, más allá de un resultado concreto, yo creo que a todos nos puede parecer interesante. Yo creo que el libro no desaparece aunque desde un punto de vista de meritaje profesional igual sí.

Pero no hacemos sólo libros para esto. Los libros de investigación se pueden hacer para esto y para exponer con más profundidad tu pensamiento. Luego hay todos los libros que ayudan a los estudiantes a desarrollar conocimientos, los manuales. A veces escuchas a bibliotecarios que quieren hacerlo todo libre y abierto, un concepto que es una transgresión lingüística de gratuito, del free mal utilizado; creen que esto también ha de ir en el mismo paquete. Pues igual no. La universidad me está pagando a mí para hacer la docencia y para investigar. Pero aquel material que yo acumulo, relaciono, que me puede ayudar en la docencia o que le puede ayudar a otros, está fuera de ese campo de juego, no está del todo regulado. ¿Esos libros hacen falta? Sí ¿Esos materiales hacen falta? Sí. Igual son libros dogmáticos de 4.500 páginas o igual es una compilación de recursos de Wikipedia o de dónde sea. Pero alguien lo utiliza para que otros aprendan porque no todo el mundo está en el nivel del alto conocimiento. Hay gente que viene de muy abajo, los estudiantes básicamente, que son nuestra función social número uno.

Yo creo que tiene sentido. Hay que repensarlo todo pero tiene sentido. Hay que huir del dogmatismo, del miedo de los editores más tradicionales, que yo creo que ya no deben existir (“yo no quiero cambiar, esto estaba muy bien hasta hoy, yo no entiendo nada“) y hay que huir del dogmatismo, de la gratuidad, del altruismo mal entendido porque al final lo acaba pagando alguien siempre. El otro día me estaban explicando el caso de una grandísima revista anglosajona que te pide 3.000€ para ser revisado (“es como pagar para participar en el casting”) y luego te piden más dinero para publicarte. Bueno, yo no sé si los propios autores tenemos que pagar estas cantidades o lo más lógico es que lo pague la demanda, que es lo que ha pasado siempre. Voy a comprar la lavadora y la pago yo, no me la paga Forlady o me la paga Balay… Hay que ver en qué acaba todo eso pero yo diría que hay que huir de dogmatismos.

¿Por qué no hay en España sistemas de revisión de originales del tipo revisión por pares para la publicación de libros, como sucede en las editoriales anglosajonas más potentes?

Muchos de los miembros de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas ya estamos poniendo en marcha procesos de evaluación por pares de los manuales y materiales que hacemos.

¿Por qué los anglosajones sí y nosotros menos? Yo creo que desde un punto de vista de competencia en la publicación entre las editoriales académicas anglosajonas ha habido una tradición algo más larga de procesos de revisión por pares.  Aquí las decisiones editoriales muchas veces han sido fruto de la decisión de una persona, experta, que decía que eso estaba bien. Y grandes catálogos de no-ficción de este país de los últimos siglos los han decidido no-pares, los ha decidido alguien. Entonces, antes de dar mi brazo a torcer, reflexionemos: ¿es mejor la revisión por pares que la revisión de una persona que sabe y quiere dirigir la editorial hacia un punto determinado? Es una reflexión que hay que hacer.

En un momento en el que el poder está en las colectividades e Internet ha transmutado el poder del productor al receptor, parece lógico que los revisores, los pares, tengan más poder. Es una transmutación del orden de las cosas. Eso puede estar bien. Pero yo diría, punto uno, que también estaba bien lo otro: hay grandes colecciones de este país que se han hecho fruto de personas concretas.

Portada "Escritura sexy"Punto dos. El hecho de no utilizar la revisión por pares nos hace pensar en corruptelas editoriales: tú eres mi amigo, yo te publico… Y es cierto que la revisión por pares en algunos casos limita esto. En otros casos, y podría dar nombres de los journals en concreto, te digo que no lo limita. Que aparezcan apellidos de origen español en algunos journals, siendo revisiones ciegas, es absolutamente extraordinario, anecdótico y residual. Dices “hombre, debe ser la detección del inglés escrito por un español; así, más que ciego es bizco”. Es curioso que en algunos círculos sólo se publiquen artículos anglosajones. La revisión por pares está bien para limitar esta endogamia, esta corruptela, pero no siempre funciona. Ahí hay una ética editorial también. La ética editorial pasa por publicar eso porque tú crees que debes publicarlo o hacerlo porque eres mi amigo, para darle más méritos… Pero como hemos visto que el capítulo méritos no va a pasar por las monografías sino por los artículos, yo diría: “desestresémonos un poco”. Pero no, habitualmente los editores no hemos puesto en común nuestras reflexiones y no nos desestresamos. Seguimos intentando emular procesos que pueden estar bien pero que no tiene que ser omnicomprensivos. Hay otros procesos igual de posibles. Tengo colecciones pilotadas por profesores en concreto y estoy bien tranquilo. Y hay otras colecciones en que hay un consejo editorial y cualquier original que viene es revisado como mínimo por uno de los compañeros del consejo editorial que ha de hacer su diagnóstico y su cuadro de evaluación y ese cuadro de evaluación queda guardado por si un día nos lo pide la CNEAI o quien sea para demostrar que somos tíos serios. Pero no me siento menos cubierto en las colecciones en que tengo uno o dos revisores para cada material que en las colecciones en que hay un profesor que va buscando materiales y va proponiendo títulos. Pero el camino anglosajón ha sido ése y lo estamos copiando.

A lo mejor también la presión de las agencias nos envía hacia ella como manera de que el libro recupere el protagonismo perdido respecto de las revistas.

Las agencias le han dado muy poco valor a los libros. Las agencias parten del principio de sospecha: cualquier libro publicado por la editorial de tu propia universidad no cuenta nada. Pues mira, yo con carácter general mis libros los públicos en la editorial de la UOC. Y aquellos que tengan que pasar revisión, pasan revisión. Y si la superan la superan y si no la superan no la superan. ¿He publicado en otras editoriales? Sí. Pero yo creo que como profesor de la UOC tengo que publicar en la UOC. Institucionalmente creo que es así. ¿No me lo valoran? No me lo valoran. Yo encantado de que pase esto porque entonces no tengo un público, tengo 68 públicos en España. La gente piensa que si quiere publicar en comunicación uno de los sitios chulos es la UOC. Pero a mí me parece que al final estamos rizando el rizo.

Tuvimos el otro día una reunión con el director de AENOR, en Madrid, porque estamos haciendo un sello de calidad. Si es que es más sencillo que todo esto: los comités, las comisiones de expertos, en lugar de evaluar por indicios, que hagan su trabajo y evalúen por realidades… y que se lean los libros y que se lean los artículos. Si es que la pereza da esto, la pereza genera errores. Si hiciéramos nuestros artículos y nuestras investigaciones por indicios… “mira, yo creo que esto va a salir así, apúntalo, no lo comprobemos, ¿para qué?” Pero si es muy fácil. Los italianos ya lo están empezando a hacer. ¿Usted se quiere acreditar? Sí. Tráigame lo que ha escrito que hay un equipo de gente que lo leerá y lo valorará. Claro, pero es el problema del indicio: ¿si es alto y rubio significa que es guapo e inteligente? Pues no sé.

Me parece bien pero es el problema del dogmatismo. Cuando descubrimos una cosa… y en España somos terribles. Este fin de semana he estado en Bélgica y había muchos profesores franceses. Se lo toman con un poquito más de tranquilidad. Se evalúa al grupo de investigación más que al investigador. Es algo más complejo. Los franceses suelen ser un poquito más complejos en su pensamiento y menos dogmáticos en muchas cosas. Pero aquí vamos de dogmatismo en dogmatismo. Nos encontramos que nadie evaluaba nada y había catedráticos que no habían escrito un libro o un artículo relevante (y aún los hay en nuestras universidades, sobre todo en las más tradicionales) y pasamos de esto a aplicar el principio de sospecha y la evaluación por indicios. Pues no, pues hagamos bien el trabajo. ¿Qué ha hecho usted? Tráiganos su trabajo y lo evaluamos.

Uno de vuestros formatos es poco habitual para editoriales universitarias. Se trata del que utilizáis con las colecciones TIC Cero, Vull saber (en catalán) o El profesional de la información, más dirigidas a divulgación, con un tamaño y un precio reducido y un lenguaje más accesible. ¿Cuál es la idea detrás de este formato tan poco habitual?

Portada "La retòrica antiga"Yo soy de formación francófona y francófila y había pensado que no existía una colección que es paradigmática en Francia que es la colección Que sais-je?, la colección de libros pequeños, de pequeño formato, con millones de libros vendidos y miles de títulos. Yo siempre había pensado, cuando estudiaba y luego siendo profesor, que qué lástima que no tengamos libros que hagan el recorrido academia-ciudadanía para extender el conocimiento que tenemos. Cuando tuve la oportunidad de ponerme en marcha en la editorial de la UOC, una de las primeras cosas que analizamos era el sentido de poner en marcha una cosa así. Teniendo en cuenta que somos la Universitat Oberta y que esta O de Oberta, que es abierta, significa que el canal academia-ciudadanía ha de ser un canal sino una autopista… una autopista sin peaje… consideramos que había una oportunidad para hacer cosas así. Así nació la colección Vull saber. Vull saber es una copia, un plagio, de la colección Que sais-je? francesa, a la que intentamos llegar a la suela de los zapatos. Pero quisimos hacer esto. Y vimos que ése era un formato que acababa siendo un formato muy Editorial UOC. Nos sentíamos muy cómodos con él. Además, los lectores entendían enseguida las cosas. Nos reconocían. Recuerdo lectores que nos decían: “oye, que sí, los Vull saber que los veo, que nos interesan y tal”. Así que nos dijimos que el siguiente paso era hacer esto pero orientado a Sociedad de la Información, porque también somos la Oberta. E hicimos TIC Cero en español y llevamos cincuenta títulos. Y después surgió la oportunidad con Tomàs Baiget, que es uno de los muy buenos editores que tenemos  en España, de hacer la colección EPI. Yo creo que nos sentimos muy cómodos en la editorial con este tipo de libros porque va muy en línea con la estrategia y la misión de la propia universidad y además, caray, como académico yo me siento muy orgulloso de establecer puentes entre la academia y la ciudadanía.

¿Qué hace un presidente de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas?

Ah, ésta es una gran pregunta. Yo te diría qué hizo el anterior, del que yo formé parte de su junta durante cuatro años, en los que trabajó mucho y relanzó la imagen de la UNE y somos hoy un agente que cuenta. Esta mañana acabo de Unión de Editoriales Universitarias Españolashacer un editorial, que se llama “Setecientos días”, que son los dos años que tengo de mandato y setecientos días en que hacer algunos grandes proyectos. Uno de ellos es establecer puentes con Latinoamérica. Los editores españoles seremos relevantes en el mundo si podemos hacer un frente común con los editores latinoamericanos en lengua española y portuguesa. Ahí podemos jugar en las grandes ligas con los grandes editores comerciales como Pearson o McGraw. Los editores universitarios españoles debemos tener ese puente abierto y es una de las cosas que estoy intentando hacer: construir un catálogo conjunto, los 45.000 libros de los socios de la UNE sumados con los libros de los socios americanos… pasaríamos a tener centenares de miles de libros.

Luego, ayudar a nuestros 66 socios a dar el paso al mundo digital. Es muy importante que estén formados los editores, que sepan qué está pasando en el mundo, que puedan plantear estrategias de libro digital… porque si no lo que hacemos es copiar. Copiar lo que hacen los otros, copiar lo que hacen los grandes grupos, copiar lo que hacen los ingleses… Está bien copiar, yo soy el primero, pero cuando copias con conciencia, porque sabes que aquello te lleva a dónde tú quieres ir. Cuando copias sin conciencia es como cuando somos niños, vamos a la guardería y vamos todos cogidos de la mano del de delante. ¿Dónde vamos? Sólo lo sabe la maestra, los demás no lo sabemos. En el mundo digital tenemos que estar formados para saber dónde queremos ir: establecer todos los libros en digital o no, algunos libros en papel y otros en digital, qué precios establecemos… “es que Fulano ha puesto el precio de 18€… pon el mismo precio que el papel por si acaso”. No, vamos a analizar. Fragmentemos libros. Una de las grandes batallas que voy a tener como presidente de la UNE es ver si podemos empezar a fragmentar libros porque el mundo requiere que fragmentemos nuestros libros o algunos de ellos y que podamos dar ISBN a esas fragmentaciones. Ahora mismo, la estupidez máxima, la estulticia llevada al máximo extremo es que no puedes dar ISBN a libros fragmentados a no ser que les des un nuevo ISBN. Los ISBN cuestan cada vez más dinero porque los está gestionando el Gremio de Editores, es una locura…

¿Los DOI serían una alternativa?

Sí, pero en el mercado comercial, si no tienes un ISBN no estás en los catálogos de las librerías tampoco. Que no quiere decir que se vayan a vender los libros digitales en las librerías pero al final el ISBN es nuestra matrícula comercial. Sí, podríamos ponerle DOI a las fragmentaciones en lugar de ISBN pero ahora mismo, incluso, en los metadatos estándares que ponemos para las grandes plataformas no existe el concepto DOI. El gran problema es que hay que pedir un nuevo ISBN… el ISBN empieza a valer una fortuna. Si vendo un libro a 20€ puede tener sentido si vendo unos cuantos pero si la fragmentación del libro la vendo a 60 céntimos… es un abuso.

Treinta mil cosas de éstas que hay que gestionar. Yo te diría nuestras grandes líneas son la relación con partners más allá de España, el paso del libro al mundo digital, la formación y la calidad: cómo hacer que las monografías y los textos publicados por los editores universitarios sean entendidos como textos de calidad. La formulación del dogma, de nuevo, ha hecho que cosas normales sean absolutamente irracionales. Los editores comerciales, muchos de ellos, tienen valoración y meritocracia en el mundo de los profesores cuando muchas veces los autores acabamos pagando nuestros libros a la editorial comercial. Tiene un nombre comercial y devenga méritos… ¡pero hemos transgredido las normas! Y nosotros estamos haciendo que nos lo hagan y sacan beneficio con nuestro pago. Y en cambio, los libros universitarios, hechos por universidades o por una editorial, en nuestro caso, que no es parte de la universidad pero sí somos propiedad de la universidad, no hemos estado bien valorados. Así, la cuarta pata de lo que está haciendo el presidente de la UNE ahora mismo es mejorar la calidad y la percepción de la calidad de los libros publicados por los miembros de la UNE. Queremos que los expertos nos ayuden a establecer métodos y evaluaciones con los que podamos sentirnos identificados. Queremos tener un tipo de elementos de evaluación que responda al mercado del libro universitario, no de la revista, porque hay diferencia en la mayoría de casos.

En el mundo anglosajón algunas editoriales universitarias como Cambridge University Press u Oxford University Press cuentan con un prestigio que trasciende el mundo académico. ¿Por qué no sucede esto en España o en general en los países iberoamericanos?

Es uno de mis caballos de batalla, trascender el mundo estrictamente académico. Aquí hay bastantes cosas. A los académicos, de entrada, no les importa muchas veces trascender el mundo más allá de la academia.  Es una realidad que no por estereotípica deja de ser menos realidad. Y más ahora cuando sólo te valoran y te meritan ciertas cuestiones que no tienen que ver con la transferencia a la sociedad de tus conocimientos; tiene que ver con la transferencia a los pares de tus conocimientos. Es más complicado motivar al académico para que eso tenga sentido para él. Luego tiene que ver también con la tradición de las empresas editoras en el mundo anglosajón. Las que tú citabas no tienen ningún reparo por hacer colecciones de libros o proyectos que van más allá del estricto sentido del impacto académico. Incluso cursos de idiomas. Son grandes monstruos porque no han tenido ese “cortomiramiento”, ese vuelo gallináceo de decir “yo sólo me quiero posicionar para el mérito de esto”. No, para el mérito de esto y para tantas otras cosas. Las editoriales universitarias tienen que aprender a ser acorazados de conocimiento. Y no trabajar sólo para un mérito o para un profesor o para un catedrático sino trabajar para un proyecto que es algo mucho más poderoso que esto. No hemos pensado en grande. Y creo que nos conviene pensar en grande porque los editores comerciales han decidido que muchas obras no se van a publicar porque no son rentables y nos encontramos con la orfandad absoluta de la sociedad. Hay libros que no los va a publicar nadie porque los editores universitarios pensamos a veces demasiado en pequeño y los editores comerciales piensan estrictamente en criterios económicos. Hay todo un campo por recorrer. Simplemente es aquello de pensar un poquito en grande y resituar el papel de los editores universitarios. Hay otros países que lo tienen hecho, como Francia o el mundo anglosajón. Tenemos una gran oportunidad.

Muchas gracias, Lluís.

La industria editorial científica

Mi recomendación bibliográfica de hoy es un reciente volumen sobre publicaciones académicas y profesionales.

Campbell, R., Pentz, E., Borthwick, I. (2012). Academic and Professional Publishing. Oxford: Chandos.

La veintena de capítulos de este libro están firmados por 24 autores, entre los que predominan claramente profesionales de la industria editorial –con el habitual sesgo anglosajón–, lo que le da una perspectiva diferente de la académica que predomina en la mayoría de trabajos similares que se pueden encontrar en las librerías. Los temas tratados van desde el peer review (a cargo de Irene Hames, una reconocida experta) a los modelos de negocio, los flujos de trabajo editorial, bibliometría, aspectos legales, el rol de los bibliotecarios o cómo desarrollar una carrera en esta industria. Y además aplican lo que dicen, ya que cada capítulo cuenta con su resumen y sus palabras clave, en la línea de lo que se recomienda para entrar en el Book Citation Index de Thomson Reuters.

Extendiendo el alcance de la universidad

Una de las críticas habituales que ha recibido la universidad es que se halla alejada de la sociedad, que vive aislada en una torre de marfil. Aunque existen argumentos a favor y en contra de dicha postura (aunque primero habría que aclarar cómo una parte del todo puede estar alejada del todo), esta opinión está bastante extendida. Según ésta, los académicos habitualmente producimos ciencia para otros académicos y hay poca transferencia de resultados a otros ámbitos de la sociedad.

Portada La innovación tecnológica. Creación, difusión y adopción de las TICHoy traigo una (pequeña) evidencia contra este argumento. Y de paso hago un poco de autopromoción (disculpas). Se trata de la iniciativa de una editorial universitaria, la de la Universitat Oberta de Catalunya. Dentro de su catálogo cuentan con la colección TIC Cero, en la que acabo de publicar mi último trabajo, y cuya orientación es muy similar a otra colección de la misma editorial realizada conjuntamente con la revista El profesional de la información. La particularidad de estas colecciones es que están orientadas a la divulgación y, por tanto, apuntan a un público mucho más amplio. La mayoría de sus autores son profesores universitarios que deben adaptar su tradicional estilo de escritura científica a un público no especializado. Las referencias bibliográficas se reducen en gran medida, igual que la extensión (y el precio) y abundan los ejemplos, además de un lenguaje más llano, evitando por ejemplo la discusión de la literatura anterior. Esta adaptación no impide utilizar teorías o conceptos complejos, ya que al potencial lector de este tipo de libros se le supone un mínimo de inquietud intelectual. Mi experiencia ha sido muy buena y estoy muy satisfecho del resultado. Lo recomiendo a cualquier académico con ganas de transcender los círculos científicos habituales. Ya veremos qué opina el lector.

Fernández-Quijada, D. (2013). La innovación tecnológica. Creación, difusión y adopción de las TIC. Barcelona: UOC.

Editoriales universitarias

La entrada de hoy es una recomendación bibliográfica. Aprovechando que acaba de salir publicada mi reseña del libro University Presses en la Revista española de documentación científica, os recomiendo su lectura.

Greco, Albert N. (ed.) (2011). University Presses. Toronto: University of Toronto Press.

University PressesEl libro recoge diferentes textos publicados previamente en el Journal of Scholarly Publishing, una revista de referencia sobre publicación académica editada desde hace más de 40 años por la misma institución responsable de este trabajo, la Universidad de Toronto. Aunque se centra en el ámbito anglosajón y, fundamentalmente, en los Estados Unidos, aporta interesantísimas lecciones de historia y de negocio editorial, sus dos principales focos de estudio. Desde la historia de diferentes casas editoriales a aspectos del negocio como el marketing, la circulación de los títulos o el prestigio de las editoras. También se tratan las relaciones entre autores y editores, en un capítulo que resulta uno de los más reveladores de este trabajo.

Un trabajo así sobre las editoriales universitarias españolas sería más que interesante.

Elea Giménez: “Son pocas las revistas y las editoriales que cuentan con la aprobación generalizada de los investigadores en comunicación”

Elea Giménez ToledoElea Giménez Toledo es una de las personas más conocidas por los editores de revistas españolas de ciencias sociales y humanidades. Es la coordinadora española de Latindex y ha participado en la elaboración de sistemas de clasificación de revistas y editoriales científicas como RESH, DICE, CIRC o SPI. Actualmente es la responsable del Grupo de Investigación de Evaluación de Publicaciones Científicas (EPUC) del Instituto de Estudios Documentales sobre Ciencia y Tecnología (IEDCYT) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Conoce bien el ámbito de la comunicación ya que entre 2001 y 2006 fue profesora en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. En los últimos años ha sido muy habitual encontrarla en congresos y simposios de comunicación divulgando cómo debe ser una buena revista y cómo se deberían mejorar. Con todo este background, pues, se hacía necesario entrevistarta desde este blog.

Como experta bibliómetra y persona también ligada en un momento anterior de tu carrera a una facultad de comunicación, ¿cómo ves el ámbito de la publicación científica en comunicación?
Creo que la investigación en comunicación en España está madurando. Y sus publicaciones científicas también, aunque aún hay mucho por hacer. Siguen siendo habituales los trabajos publicados en los que ni siquiera se menciona la metodología seguida y esto es solo un síntoma de que aún no están del todo sentadas las bases de lo que es un trabajo de investigación en esta área. Esto no quiere decir que no haya buenos investigadores en España: los hay y algunos son destacadísimos. También hay muy buenos editores y, como factor distintivo, he de reconocer que en comunicación hay mucha más movilización en torno a la evaluación científica y a las revistas que en otras disciplinas.

Por tradición –compartida con otras ciencias sociales y con las humanidades– cada departamento, facultad, asociación debía tener su revista. Se concebían las revistas como órganos de expresión de estas unidades y, sin embargo, las revistas científicas deben estar muy alejadas de esa idea. Las revistas científicas deben competir por publicar los mejores artículos, vengan de donde vengan. Este planteamiento no casa bien con la idea de tener revistas “institucionales”.

Sostienes que hay demasiadas revistas en ciencias sociales y humanidades. En comunicación lo que vemos es que cada vez se editan más revistas. ¿Estamos en este exceso de revistas también en comunicación?
Sí, efectivamente, creo que el exceso de revistas que detectamos en otras disciplinas se da también en comunicación. La pluralidad es necesaria en ciencias sociales. Pero tiene que haber un equilibrio entre esa pluralidad y la producción de artículos originales. En julio de 2012 EPUC tiene registradas 41 revistas vivas de esta área. Desde mi punto de vista son muchas para una comunidad académica relativamente pequeña y, sobre todo, muy presionada para publicar en revistas internacionales.

Elea Giménez ToledoTratamos cotidianamente con editores de revistas científicas y sabemos que muchos de ellos tienen serios problemas para conseguir originales y para sacar adelante la revista (el apoyo a las revistas es mínimo). También sabemos que son auténticos entusiastas del trabajo de edición que realizan, pero nos preguntamos si no sería más adecuado contar con menos revistas que tuvieran equipos y recursos más sólidos como para poder profesionalizar la edición y publicar revistas de alta calidad. Creemos que se pueden y deben racionalizar los recursos invertidos en la edición, no con ánimo de reducir la pluralidad sino con la intención de crear canales de comunicación científica profesionalizados, sólidos y competitivos.

Un argumento que se ha usado algunas veces para justificar esta proliferación es que en comunicación hay pocas revistas en comparación con otras áreas y especialmente teniendo en cuenta la cantidad de investigadores del ámbito. ¿Es cierto?
No lo creo. En general, se advierte un número excesivo de revistas para todas las áreas. E insisto en la idea de que la debilidad estructural de muchas de ellas es la que nos permite afirmar que es un número excesivo. En el caso de la comunicación, la documentación o la geografía destaca más el elevado número de revistas porque la comunidad científica (profesores e investigadores) es pequeña. Por poner algún ejemplo que dé una idea de la hiper-producción de revistas, de 338 revistas de todo el mundo que constan en MIAR, 42 son españolas.

¿Existe un número “adecuado” de revistas en un ámbito? ¿Cuál sería en comunicación?
No es posible dar un número pero sí decir que sería el resultado de algunas  variables. Por ejemplo, un número de revistas que permitiera seleccionar originales, para lo cual tendría que haber mayor producción que demanda de artículos. Actualmente hay demanda de artículos, entre otras cosas porque no todos los trabajos que producen los investigadores españoles han de publicarse en revistas españolas. Ese número debería garantizar la pluralidad en los distintos puntos de vista o escuelas de pensamiento que necesariamente se han de dar en las ciencias sociales. Además, deberían cubrir tanto los aspectos generalistas de la comunicación como los estudios más específicos de cada especialidad, así como la perspectiva local o internacional de los distintos trabajos.

Tú sostienes que la solución es la fusión. ¿Por qué se deberían fusionar revistas en comunicación?
Es una de las posibles soluciones y lo que permitiría es aunar esfuerzos y recursos para lograr editar revistas más fuertes (lo que no significa que sean dependientes de grupos editoriales fuertes) y que permitan afrontar el escenario altamente competitivo en el que vivimos.

Rodríguez-Yunta, L.; Giménez-Toledo, E. (2012). Fusión de revistas como alternativa a las revistas institucionales. II Conferencia sobre Calidad de las Revistas Españolas de Ciencias Sociales (CRECS), 10 de mayo, Valencia.

Una de tus líneas de trabajo se orienta al estudio de la calidad percibida de las publicaciones y de las editoriales. ¿Cuál es la situación en comunicación?
Pues en línea con el resto de respuestas que he dado, mi percepción es que son pocas las revistas y las editoriales que cuentan con la aprobación generalizada de los investigadores en comunicación. Igual que hay muy pocas revistas españolas que son citadas, hay pocas revistas unánimemente bien valoradas por la comunidad científica. Esto es un patrón compartido por otras disciplinas.

Algo que también observo –y que me preocupa especialmente– es la forma en que actúan los grupos de presión. Cuando realizamos estudios de percepción de la calidad queremos aportar esa valoración de la calidad del contenido de las publicaciones a la que nosotros no podemos llegar con otro tipo de indicadores. Sin embargo, hemos podido apreciar subidas y bajadas de posición en los rankings de revistas precisamente por la acción interesada de algunos. Esto nos obliga a relativizar muchísimo estos indicadores.

¿Qué debería hacer una revista para mejorar la calidad –formal y de contenidos–, de lo que publica?
La pregunta parece sencilla pero no lo es. Editar una buena revista es una actividad delicada, compleja y muy laboriosa. Ha de ser una labor de equipo, y de equipo profesionalizado. Es fundamental seguir las directrices y los estándares de la edición científica. Pero el pilar básico para lograr una buena calidad es seleccionar bien los originales y eso requiere, por un lado, contar con editores serios, muy dedicados a la publicación, especialistas en la materia y altamente exigentes con sus evaluadores. Los evaluadores, por su parte, deben ser especialistas comprometidos con la revista, capaces de dedicar todo el tiempo necesario a cada artículo y con una visión global de la disciplina en la que trabajan.

¿Y una editorial de libros?
Básicamente lo mismo que una revista y especialmente reforzar los mecanismos para la selección de autores y de coautores en obras colectivas. El problema que estamos detectando es que la edición de libros científicos, que recae en buena parte en el sector privado, ha seguido las directrices de cada sello, se ha regido por criterios de rentabilidad económica y no ha visto la necesidad de hacer tan transparentes sus métodos de selección como lo han tenido que hacer las revistas. Al fin y al cabo, si son empresas privadas pueden establecer los criterios que quieran. Pero no es menos cierto que si publican ciencia y están dirigidas al público académico, corriendo los tiempos que corren, esta transparencia en los métodos de selección es casi un clamor popular. No hay que olvidar que de estas cuestiones dependen las evaluaciones  y promociones del profesorado. Además, al darse ya pagos por publicación, existen muchos recelos por parte de los investigadores y de los evaluadores. La transparencia acaba con estos recelos.

Giménez-Toledo, E.; Tejada-Artigas, C. (2012). Valoración de editoriales especializadas en Comunicación, Biblioteconomía y Documentación: encuesta a profesores e investigadores. El profesional de la información, 21(1): 50-62.

¿Ves viable introducir la revisión por pares en la edición de libros?
No solo es que lo vea viable, es que lo considero fundamental. En la edición de libros científicos son los especialistas quienes deben decidir qué es válido desde el punto de vista de los contenidos. Muchas editoriales –públicas y privadas– tienen plenamente implantados los sistemas de revisión por expertos. Lo ideal es que el procedimiento fuera utilizado por todas.

Tú también has estado involucrada en la creación y gestión de sistemas de categorización de revistas científicas como RESH, Latindex o CIRC. ¿No tienes la sensación de que tenemos demasiadas, lo que puede acabar despistando a los investigadores?
Sin duda: hay demasiados sistemas. Y lo digo yo que soy parcialmente causante de esta dispersión. Sin embargo, creo que es el fruto de una etapa. Cada sistema tiene unos objetivos y una aplicación diferentes, y así se especifica en cada uno de ellos. Es muy importante tener esto en cuenta. Como ya apuntábamos en un artículo en 2007, una vez pasada la fase de experimentación y validación de indicadores de calidad, es necesario que las distintas iniciativas vayan confluyendo en uno o dos sistemas de evaluación de publicaciones. Los editores, los investigadores y las agencias lo agradecerán. De hecho, RESH es ya un primer intento por aunar todos los indicadores de los que vamos disponiendo. Como en el caso de las revistas de comunicación, alcanzar un único sistema es cuestión de madurez y estamos en ello.

Gimenez-Toledo, E; Roman-Roman, A; Alcain-Partearroyo, M.D. (2007). From experimentation to coordination in the evaluation of Spanish scientific journals in the humanities and social sciences. Research Evaluation, 16(2): 137-148.

El factor de impacto en libros de comunicación

Una de las críticas más habituales que han recibido los diferentes sistemas de factor o índice de impacto desde las ciencias sociales ha sido su focalización en la producción científica en revistas, dejando de lado tan importante canal de comunicación como los libros.

Como respuesta a esta crítica, Thomson-Reuters lanzó a finales de 2010 su Book Citation Index (BKCI), que intentaba llenar este vacío a través de la indización y vaciado de citas de libros y capítulos de libros.

Los compañeros del grupo EC3 de la Universidad de Granada acaban de publicar un análisis de BKCI focalizando en las editoriales cubiertas, lo que han denominado Book Publishers Citation Reports. Los tres principales problemas que han detectado son los siguientes:

  • La exclusión de la producción científica en lenguas que no sean el inglés, que no resulta precisamente la principal lengua científica en la mayoría de países latinos, por ejemplo. Eso excluye a todas las editoriales españolas.
  • El predominio de editoriales comerciales y una posición muy secundaria de un actor importante como las editoriales universitarias.
  • La ausencia de editoriales importantes en algunos campos, como Peter Lang, Pearson o MacMillan.

Torres-Salinas, D., Robinson-García, N., Delgado López-Cózar, E. (2012). Towards a ‘Book Publisher Citation Reports’. First approach using the ‘Book Citation Index’, EC3 Working Papers, julio.

Por lo que se refiere al ámbito de comunicación, aparecen bien representadas Routledge y Palgrave, con más de 160 libros y alrededor de 2.000 capítulos. Este dato no parece sorprendente por el prestigio de estas editoriales pero sí que llama la atención que no haya ni una sola publicación de Sage u Oxford University Press o tan solo cinco libros de Taylor & Francis. Sale bastante bien representada Intellect, una editorial específica del área y de reputación ascendente.

Book Publishers Citation Reports - Communication

Por lo que se refiere al impacto, los datos son poco concluyentes por lo limitado de la muestra y las notables ausencias detectadas. La mayoría de ítems no son citados y las medias de citas son muy limitadas, excepto para MIT Press y Rowman & Littlefield. No obstante, se trata de citas en muy pocos ítems, que seguramente se reducirían en una muestra más amplia del verdadero catálogo de estas editoriales.

Indicadores de editoriales

El siempre activo Grupo de Evaluación de Publicaciones Científicas (EPUC) del CSIC acaba de lanzar una herramienta de evaluación. Dirigida al ámbito de ciencias sociales y humanidades, el Scholarly Publishers Indicators (SPI) ofrece un indicador de la calidad de las editoriales de libros percibida por los investigadores españoles.

Scholarly Publishers Indicators

A algunos lectores de este blog les sonará esta idea. En realidad, para comunicación ya conocemos los resultados, ya que fueron publicados hace unos meses en un artículo de El profesional de la información del que ya hablamos.

Giménez-Toledo, E.; Tejada-Artigas, C. (2012). Valoración de editoriales especializadas en Comunicación, Biblioteconomía y Documentación: encuesta a profesores e investigadores. El profesional de la información, 21(1): 50-62.

Aparte de explicar detalladamente todo el proceso –recordad que se basa en una encuesta a investigadors y, por tanto, se mide su percepción–, la página ofrece resultados por categorías, como comunicación, en el ámbito nacional e internacional, y también ofrece un ranking general. En suma, una nueva y muy bienvenida herramienta que genera datos sobre un ámbito, el de los libros, en el que hasta ahora contamos con poquísimos indicadores.

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