En los últimos años, y en gran medida por la presión de las agencias de evaluación, se ha conseguido que los proyectos de investigación generen más resultados en forma de artículos científicos, más allá de los informes de rigor. Esto empieza a normalizarse y ser una práctica ya asumida en ciencias sociales (y entre ellas, en comunicación).
Sin embargo, creo que hay que ir un poco más allá y ser conscientes de que la vida del artículo científico no se acaba con su publicación sino que es justo ahí cuando empieza. Para ilustrarlo pondré como ejemplo una experiencia personal que he vivido en los últimos días a partir de la publicación de un artículo.
Fernández-Quijada, D., Arboledas, L. (2013). The Clientelistic Nature of Television Policies in Democratic Spain. Mass Communication and Society, 16(2): 200-221.
La editorial de esta revista, Routledge, ofrece a los autores 50 eprints (copias en pdf del texto) para distribuirlos entre colegas y promocionar los textos (y de paso la revista, claro). Viene a ser la versión electrónica, rápida y barata de las clásicas separatas en papel. Al constatar que contábamos con esta herramienta, los autores del texto hicimos una lista de colegas de la disciplina que pudieran estar interesados en el tema del artículo y les remitimos uno de esos eprints. Aparte del feedback que ya hemos recibido de esos colegas, en la página web del último número de la revista se puede ver el efecto de esta promoción que parece ser que sólo hemos puesto en práctica nosotros: en el momento de escribir esta entrada, nuestro artículo es el más visto de ese número, con más del doble de vistas que el siguiente texto y seis veces más que el artículo menos visto. Y eso que en principio el tema no parece que nos favorezca al ser un caso específico de España. Así que la única explicación que se me ocurre es el efecto de la promoción.
Los últimos eprints que nos quedan los estoy ofreciendo a través del blog de mi biblioteca, ya que el año pasado perdimos la suscripción a esta revista. Además, también he utilizado Twitter para anunciarlo (y aquí van muy bien los retweets de los colegas) y en los próximos días aparecerá en la web de mi Departamento y en la revista de divulgación de la UAB, UAB Divulga, además de actualizar mi página personal y mis cuentas en Academia.edu, Research Gate y Mendeley. A eso se puede añadir el repositorio de la universidad, aunque aún ha de transcurrir el período de embargo que exige la revista. Sinceramente, creo que es una inversión de tiempo limitada para un buen rendimiento: mayor difusión para un trabajo cuya primera versión se presentó en un congreso hace casi tres años. Después de ese tiempo, qué menos que dedicarle unos minutos adicionales a darlo a conocer. Y si gusta y es citado, habrá un retorno extra en el medio y largo plazo.
Eso es lo que obtenemos los autores pero los colegas a los que remitimos los eprints les facilitas el acceso a la literatura científica recién publicada sin esfuerzo (en algunos casos, como en España, no tendrían ni tan siquiera acceso al texto por las bajas de suscripciones), ahorrándoles también tiempo. Así que todos salimos ganando.